jueves, 23 de octubre de 2014

No le regales una camiseta de Messi

Espero que los lectores del Barcelona lo entiendan o por lo menos no me pongan verde (tampoco es para tanto) pero el otro día mi cuñada le regaló a mi hijo una camiseta de Messi y me sentó como un cuerno. Bueno, en realidad fueron dos, también la suya de Argentina a la que sumó otra tercera de Neymar de Brasil. Ya sólo faltaba la de Cristiano para completar el póker. "Son sólo unas camisetas", me dijo ella, que como no le gusta el fútbol alcanza a ver únicamente telas de colores y letras.


En medio de un cumpleaños no era el momento de enfrascarme en una discusión. Pero en una argumentación rápida le diría que Miley Cyrus o Justin Bieber tampoco son simplemente unos cantantes. Tengo claro que no voy a luchar contra la dictadura de una moda impuesta  por tierra, mar y aire, pero también que no voy a ser tan incauto de fomentar con mis hijos el modelo celebrity. Puedes mimar tu imagen, pero no te limites a ser una personalidad insustancial.


A lo mejor ya me vais pillando, pero muchos todavía pensaréis, vale con lo de estos dos notas, pero qué tiene que ver todo esto con Messi. Que conste que como jugador es una maravilla y que como persona no le conozco. Pero aborrezco la mitificación artificial que le convierte en un icono de cartón piedra, un heroé de la playstation diseñado en un fútbol que hace ya mucho es antes un negocio que un deporte.


Messi como fenómeno fan

Es el fenómeno fan que ha sepultado los sueños deportivos del fútbol y lo ha convertido en un juego de famosos donde prima más el corte de pelo o los seguidores en Twitter que el espíritu de superación. Cuando ves más a un jugador en la cuenta de Instagram que en los terrenos de juego malo. Es el síntoma del futbolista famoso que por muy maravilloso que juegue tiene la visión desenfocada. Y ahí visualizo a Neymar, para mi el Bieber del fútbol.


camiseta de Messi



Yo tengo la suerte del Athletic de Bilbao, quizás el último reducto romántico de la élite donde el fenómeno galáctico no ha llegado o al menos lo ha hecho en píldoras. Muchos aficionados no conocen el nombre de sus jugadores, no son estrellas, no venden camisetas, menos aún colonias. Son futbolistas. Ahí es donde entra el espíritu genuino de la vida, la autenticidad de las cosas, el placer de jugar por un pequeño trozo de gloria personal, el deseo de superación, la deportividad anónima.


De verdad, siento pena por todos los padres que matarían por hacer de su hijo un nuevo Messi. Utilizan sus niños como un boleto de lotería, pierden los papeles, son hooligans. Todos los Messi-oportunistas, o los Cristiano-lovers, han olvidado lo que representa el deporte, una inspiración para la vida que ofrece enseñanzas fundamentales como el valor del equipo o el espíritu de superación.

Quítame el marketing y dame el deporte con mayúsculas. Deja que mi hijo reconozca los valores por encima del póster. No, no le regales una camiseta de Messi.

Posdata: Y menos le regales una camiseta de Neymar.